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jueves, 22 de marzo de 2007

Las bacterias no entienden de economía

LAS BACTERIAS NO ENTIENDEN DE ECONOMÍA

Aunque en los años 60 parecía haberse acabado con la mayoría de las infecciones con descubrimientos como el de la penicilina, en EEUU siguen muriendo 14.000 personas cada año por infecciones que contraen dentro del hospital en que han sido ingresados por otros motivos. La falta de innovación en la investigación farmacológica supeditada a intereses económicos no ayuda a sanar las 517 enfermedades infecciosas identificadas por la OMS en la actualidad.

La mayoría de los 100.000 trillones de bacterias que te hace compañía está trabajando en tu beneficio totalmente gratis, lo que demuestra que sus conocimientos sobre economía son mejorables. Sin embargo, otras bacterias no son tan amables y puede que en este momento estén intentando acabar contigo. No lo hacen conscientemente, eres demasiado grande y ni si quiera saben que existes, pero creen que así vivirán mejor. Se equivocan, porque si acaban contigo no tendrán donde vivir. No te preocupes, eres más fuerte y tienes un sistema inmunológico heredado que ha lidiado con ellas millones de años y sabe qué hacer. No obstante, algunas veces la lucha es dura y enfermamos. Tras unos días solemos vencer y, si no podemos hacerlo solos, hemos inventado medicamentos que nos ayudan y construido hospitales donde una serie de profesionales que portan otros tantos trillones de bacterias consigo te cuidan hasta que te cures. O al menos así debería ser, pero hay algunas bacterias que consiguen superar todas estas pruebas y desgraciadamente ganan la batalla. Incluso algunas se quedan a vivir en los hospitales sin ningún miedo a los profesionales o a los medicamentos y esperan allí a que ingrese un nuevo ‘hogar’. Un total de 14.000 personas mueren al año en Estados Unidos por infecciones que contraen dentro del hospital en que han sido ingresados por otros motivos. El afamado escritor de viajes Bill Bryson se ha referido a esta sorprendente cifra de muertes por infecciones contraídas en los hospitales afirmando que: “los microbios están empezando a ganar la batalla otra vez en todas partes”.

Lo cierto es que estas cifras reflejan un hecho concreto: aún estamos lejos de vencer a las enfermedades. Las cifras de la primera potencia económica del mundo que reflejan un número tan elevado de infecciones que burlan el sistema sanitario propagándose por los hospitales son una prueba de ello. Lo curioso es que éste no parecía ser el futuro de la medicina hace 40 años. A principios de los 60’, W. Stewart, director en aquel entonces de la Dirección General de Salud Pública estadounidense declaró: “Hemos eliminado prácticamente la infección en los Estados Unidos”. Tenía razones para sentirse tan optimista, pues en aquellos años los medicamentos estaban ganando la partida a los microbios. Por ejemplo, la penicilina curaba prácticamente todas las infecciones provocadas por estafilococos, una efectividad muy diferente a la actual. Sin avances en la investigación sanitaria

¿Qué ocurrió? ¿Por qué las enfermedades volvieron a repuntar y continúan aún hoy superando nuestra tecnología médica? Una de las respuestas está en el uso erróneo que hacemos de nuestra mejor arma: los antibióticos. Tres cuartas partes de todos los antibióticos que se utilizan en el primer mundo se administra al ganado para prevenir epidemias y estimular el crecimiento de los animales. Esta práctica tan rentable para la industria farmacéutica ha sido el mejor “entrenamiento” para las bacterias, que han conseguido desarrollar resistencias frente a nuestras medicinas antes de transmitirse de la población animal a la humana. Ante las nuevas bacterias entrenadas y resistentes a nuestras antiguas armas existe una evidente falta de innovación por parte de los laboratorios dedicados a la investigación farmacológica. Desde los años 70 no se ha inventado ningún antibiótico nuevo. Los
productos que han ido apareciendo desde entonces han sido únicamente mejoras de otros más antiguos. Tampoco se ha desarrollado una vacuna nueva desde hace
dos décadas a pesar de que trece millones de personas fallecen cada año por enfermedades infecciosas para las que no hay prevención. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) identifica 517 enfermedades infecciosas conocidas, pero sólo 13 vacunas.

Es evidente que hay motivos económicos detrás de estas realidades. Por un lado, las vacunas son fármacos preventivos, es decir, se suministran ocasionalmente, lo que las hace menos rentables que un medicamento destinado a curar una enfermedad ya contraída, que se administra regularmente. Además, el desarrollo de una vacuna o un medicamento es extremadamente caro, lo que hace que se protejan las inversiones de la industria blindando las patentes, circunstancia que aleja los medicamentos de la población del tercer mundo, o bien se invierta en fármacos de alto consumo en el primer mundo, como los antidepresivos. Los esfuerzos se hacen claramente en la dirección equivocada.

Está claro que la economía no entiende de virus ni bacterias, lo que nos lleva a preguntarnos: ¿debe estar la salud, un derecho universal, en manos de un negocio privado como la industria farmacéutica?

No se lo preguntéis a las bacterias: ellas no saben de economía.

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